Nómades en el desierto

Íbamos camino al desierto entre los pueblos de montaña escondidos entre el Atlas Medio. Apareció la garganta de Dades y luego la de Todra, dos monumentos de la naturaleza. La primera se asemeja a lenguas inmensas color bordo colgando sobre la montaña. La de Todra es imponente por su altura y el frío que se siente caminando por su interior. Tanta inmensidad nos hace sentir aún más chicos y la sombra que da hace sentir el frío en los huesos. En verano estas altas piedras sirven para que la gente se refresque en el río y se refugie del agobiante calor.

Los palmerales son algo que se vuelve común por ser reiterativo en estas zonas. Pasándolos llegamos a Merzouga, la puerta al desierto.

Mientras la camioneta avanza y nos empezamos a llenar de tierra y arena se ven al lado del camino grandes carpas de lana. Son de familias nómades, tradicionales de Marruecos. Sus carpas se ven diseminadas por el desierto e impresionan por su tamaño. A los nómades se los ve cerca de ellas o arriando sus dromedarios en busca de comida o agua. Estas familias cada tres o cuatro meses van mudándose hacia una nueva zona donde puedan encontrar alimento para sus animales. El acceso al agua es un tema fundamental y la consiguen de los pozos comunitarios. Muchos de los nómades son Tuaregs y su chilaba tradicional es azul.

Cada vez más cerca del desierto. Un lugar en el que todos alguna vez imaginamos estar, aunque no por demasiado tiempo. Esa imagen hecha de fotos de arena, más arena, camellos (o dromedarios) y sombras.

Atravesando el último pueblo entramos al desierto negro, la antesala de los kilómetros y kilómetros de arena que luego vendrían. Por fin aparecen las dunas. Se empiezan a acercar con la luz de la tarde yéndose. Los colores van cambiando como si fuera un show de luces. La caída del sol empieza a oscurecer el amarillo de la arena transformándolo cada vez más en naranja hasta que entran las sombras.

El sol se fue atrás de las dunas y a oscuras la temperatura baja mucho en este invierno. El escenario armado con carpas, un fuego, luna y muchas estrellas. El frío no permite quedarse despierto hasta altas horas pero un rato se lo puede aguantar para disfrutar de este lugar en el medio de la nada, o en el medio del desierto.

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About Rutina Cortada a Cuchillo

Un blog con el que salimos cuando podemos a contarles lo que vemos. Deberíamos salir menos, estamos empezando a dormir mal. No nos gusta la polenta, los domingos tristes y la gente que dice setiembre (¿por qué no dicen también otubre?). Nos gusta complejizar lo simple y descontracturar lo complejo. Nunca aprendimos las tablas de memoria, los números primos y las divisiones con fracciones. No congeniamos con lo formal y tampoco adherimos a lo normal. rutinacortadaacuchillo.com

One response to “Nómades en el desierto”

  1. Ines Tita says :

    Para mi ir de viaje al extranjero de momento no es una opción. Ya que dentro de España tenemos mucho que ver y disfrutar y, también optamos siempre por los pisos para vacaciones. Pero debo decir que me ha gustado encontrar este blog y conocer otros sitios para vacaciones

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