Reencontrándome con los mercados árabes

“Vosotros tenéis los relojes, nosotros tenemos el tiempo.”

Un país árabe nuevamente me abría sus puertas. Entré a Marruecos por Fez, la ciudad imperial que data del siglo IX. Tiene una historia impresionante y traspasando las murallas de la Medina todo se agiganta.

El palacio del rey (al que no se puede ingresar) es muy famoso, aunque solo se puede disfrutar de ver una gran puerta con azulejos y mucho oro. Dicen que por dentro es impresionante, pero me quedé en la puerta.

Este palacio se ubica en el barrio judío y a su alrededor los comercios en las calles. Las veredas pobladas de comercios y la vida que se desarrolla en ellas es una de las cosas que más me gustan de los países árabes que conocí. En la calle se desarrolla la vida misma y uno puede ver como vive esta cultura tan distinta (pero con tantos rasgos comunes) a la occidental. Recorriendo las veredas se puede encontrar absolutamente todo.

Los azulejos azules marroquíes son típicos de Fez y en el barrio de alfareros se fabrican artesanalmente. Los azules son característicos de esta zona y resulta increíble ver todos los pasos y el trabajo que tiene un pequeño azulejo que luego terminará siendo parte de una mesa, una pared, una fuente de agua o un adorno. Nunca hubiera pensado que todo ese trabajo se seguía haciendo de manera artesanal.

En Fez el Bali (Fez viejo) y su casco me encontré con la Medina rodeada de murallas. La ciudad amurallada alberga un gran mercado en el que se puede encontrar todo tipo de cosas. Alimentos que van desde la carne de dromedario hasta frutas y verduras típicas de la región. Todo tipo de comercios e infinidad de gente recorriéndolos.

En los distintos sectores varía el tipo de mercadería o rubro. Entre lo que más me llaman la atención está la venta de carteras, billeteras, zapatos de cuero donde además se puede ver como se realiza el teñido del mismo con sustancias naturales en piletones. Un patio inmenso reúne cientos de estos piletones con sustancias de distintos colores y se puede ver como los marroquíes se meten en ellos para teñir el cuero. Visto desde arriba se parece a una paleta de pintor.
Seguí caminando y entre la variedad me encontré con elementos de cobre trabajados a mano.

Mientras recorro la gente comparte el típico té marroquí servido en pequeños vasos de vidrio. Los marroquíes son hospitalarios y solidarios entre ellos. Cada vez que uno llega a un lugar le ofrecen un té como gesto de bienvenida y hospitalidad que es imposible rechazar.

Afuera de la Medina descansa el cementerio un poco alejado de la zona principal. La ciudad de los muertos es distinta por sus tumbas blancas. Bajo ellas descansan cuerpos lavados y cubiertos solamente por una sábana. La cultura islámica no utiliza ataúdes, sino que simplemente los entierran con una sabana para así volver a la tierra, al polvo.

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About Rutina Cortada a Cuchillo

Un blog con el que salimos cuando podemos a contarles lo que vemos. Deberíamos salir menos, estamos empezando a dormir mal. No nos gusta la polenta, los domingos tristes y la gente que dice setiembre (¿por qué no dicen también otubre?). Nos gusta complejizar lo simple y descontracturar lo complejo. Nunca aprendimos las tablas de memoria, los números primos y las divisiones con fracciones. No congeniamos con lo formal y tampoco adherimos a lo normal. rutinacortadaacuchillo.com

One response to “Reencontrándome con los mercados árabes”

  1. Tomi Montemerlo says :

    Reblogged this on ¿Donde está Monte? and commented:

    Blog de viajes

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