205 días

Un buen viajero no tiene planes fijos ni intenciones de llegar. Lao Tze

Durante los meses pasados recorrí nuestro continente americano en colectivo, en auto, subido a camionetas antiguas, en bicicleta, en moto, arriba de un velero, a caballo, en cocotaxi, en bicimoto, en avión y sobre todo a pie. Miles de kilómetros. Los mejores lugares no fueron los más espectaculares o más reconocidos mundialmente sino simplemente aquellos que reunieron una serie de condiciones en conjunto que hicieron de ese lugar algo inolvidable. Donde se unió el paisaje, con la gente y el momento. El mar, un velero y algunas personas; una playa de arena oscura, el silencio y una mujer; un cumpleaños con viajeros. Y muchos otros.En la mochila pocas cosas, lo esencial.
Recuerdo la partida el 10 de agosto de 2010 de la terminal de Retiro como si el tiempo no hubiera avanzado demasiado. Pasaje en mano, Ine única testigo de la partida. Despedida triste por lo que representaba pero el sueño viajero por delante. Tanto había esperado ese momento y todo por venir.
Algunos meses en Chaco, la soledad de la escuela y la compañía de la gente. Cuantos asados en lo de Rubén, cuantas comidas compartidas con tanta gente y cuanto trabajo tan gratificante. Dos meses con algunas visitas y nuevamente partir, como un nuevo salir de viaje. Era la primera etapa que quedaba atrás bien cargada de sensaciones.
Un fugaz paso por Jujuy marcado en Purmamarca. El cruce a Bolivia y algunas nuevas rutas por descubrir. Sucre y el cumpleaños en lo de Kim y Dries. Coroico y su verde. Mi tercera vez en la Isla del Sol y ese despertar frente al lago que no se compara con nada del mundo, con nada…
Cruzar Perú en solo una semana. Conocía este gran país por viajes anteriores y quería llegar a lo nuevo, me esperaba Ecuador y su gente. Baños como eje de este simpático país y muchas personas en el medio. Un gran grupo en la laguna de Quilotoa.

Siempre hacia el norte y luego Colombia. El país y su gente me hicieron pasar un gran mes. Algún día volveré a Popayán y su poesía blanca. En la costa, Cartagena amurallada. En Isla Barú durmiendo en la playa a pocos metros del mar y Parque Tayrona caminando y disfrutando. Todo en un solo país.

Además de todos estos sitios los colombianos son geniales. La gente no refleja ni un poco lo que el mundo dice de la inseguridad y la guerrilla. Es pura tranquilidad y buena onda. Están felices con el turismo que poco a poco se va rearmando y todos ayudan al viajero. Cuando uno cruza la frontera se ve obligado a recomendar Colombia.

Hacia Panamá a bordo de un velero, el Rhudacadail Keava. Cinco días en el mar y conocer las islas de San Blas (otro de los tantos lugares a los que volvería a ir). La sensación de levantarse arriba del velero y ver que alrededor solo hay agua o levantarse en una isla paradisiaca. La insólita experiencia de quedar varado en una isla y salir en un vuelo chárter.

En Costa Rica encontrar las playas del pacífico, más surferas que increíbles. Encontrar a Ine y juntos recorrer tantos lugares. El tan ansiado viaje juntos, pura vida. Playas, volcanes, días y noches inolvidables.
Volver a Panamá y conocer Bocas del Toro, sus calles y sus playas. Los desayunos frente al mar y los cayos.

  
Tantos meses de vagabundear se cerraban en el mundo Cuba junto a toda su magia. Increíbles momentos junto a su gente y a mi gente. Conocer el interior, las playas y su ciudad capital. La Habana en lo de Mirta, Remedios en lo de Lester y Nati, las mejores playas en Cayo Santa María, y mucho más. El estilo de vida del cubano.
Los que quedaron en el camino, los que volvieron, los que todavía siguen andando. Muchos viajeros que fuimos cruzando y que hicieron que el viaje sea mejor. Caras que pasaron. Algunos locales, otros viajeros.
Cada día tuvo algo distinto. Alguna sorpresa, algo que haya valido la pena. Los 7 meses que pasaron incluyen sensaciones, sentimientos, paisajes, personas y todo lo que uno se pueda imaginar. Nada de rutina.
Así fueron las horas, los días, los meses. Solo hubo que tomar la decisión de salir de viaje y de empezar, el resto llega solo. Todo esto lo pude ver y vivir sin que me lo cuenten, eso es lo bueno de salir de viaje.
205 días en los que en su gran mayoría fui muy feliz, 205 días cada uno distinto al anterior.
Habrá que esperar la próxima corriente viajera para salir a buscar nuevos destinos, no debe faltar tanto.
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About Rutina Cortada a Cuchillo

Un blog con el que salimos cuando podemos a contarles lo que vemos. Deberíamos salir menos, estamos empezando a dormir mal. No nos gusta la polenta, los domingos tristes y la gente que dice setiembre (¿por qué no dicen también otubre?). Nos gusta complejizar lo simple y descontracturar lo complejo. Nunca aprendimos las tablas de memoria, los números primos y las divisiones con fracciones. No congeniamos con lo formal y tampoco adherimos a lo normal. rutinacortadaacuchillo.com

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