Habana fin

Se empezaba a acercar el final. Ese que había empezado con el vuelo de San José de Costa Rica a La Habana. Cuba era el último destino, luego Buenos Aires. Si Cuba era el final, La Habana era la última ciudad. Resulta difícil saber cuando un viaje termina, pero sabía que en la Habana iba a disfrutar de los últimos días antes del regreso a casa.

En lo de Mirta y Alejandro teníamos por delante varios días para recorrer una ciudad que tenía mucho para darnos. Historia colonial de sus primeras épocas e historia de la revolución cubana.

En nuestra ausencia Mirta había avanzado con algunos de sus cuadros. En sus pinturas se repiten una y otra vez caras y manos con su particular forma de dibujarlas. Todos los cuadros esparcen colores vivos y eso es lo que los hace distintos. Las pinturas recorren las paredes de la casa y observan lo que va sucediendo captando la atención de quien llega. Cada cara tiene una mirada especial.

En los días siguientes caminamos la ciudad, el malecón, las plazas y cafés. Conocimos el museo de la revolución para entender un poco más la historia reciente. La revolución y su triunfo. Creo que para todo el que viene a conocer Cuba es bueno visitar este museo y así entender un poco más.


En la plaza Vieja teníamos por delante varios cafés en el Escorial. Descansando y caminando el centro histórico de la ciudad andábamos por la plaza de la catedral, la Bodeguita del medio, el Museo del Chocolate y muchos otros lugares históricos que vale la pena conocer. Conviviendo en las calles y las avenidas los cocotaxis, los autos antiguos y los sulquis tirados por caballos.

Caminando calles repletas de pinturas de artistas locales, conociendo los lugares más turísticos y típicos como así también los que no lo son. Ahí está la verdadera Cuba. Su cultura, su música, su gente. No solo la de los turistas sino la de la gente que día a día vive este país y trata de subsistir como puede.

Alguna caminata con Ine por la Habana Centro viendo pasar guaguas. La plaza de la revolución, la heladería Coppelia y un banco de plaza donde descansar en una de las últimas tardes. Dos transeúntes.

Mirta seguía hablando como cada día compartido con ella. Después de recorrer un poco Cuba ya teníamos una idea algo más formada que el primer día. Los viajeros sienten un gran aprecio por el país, sus calles, sus autos antiguos y su gente pero Mirta tiene la sensación de ser un museo en el que las personas también son parte, algo detenido en el tiempo. Cuando volvemos a retomar la conversación sobre la educación y la salud ella cree que ya no es como antes y que hoy es un gran problema. Todos los países latinoamericanos que alaban a Cuba deberían tratar de vivir por lo menos un año como lo hacen los cubanos para darse cuenta de lo difícil que es. Ni hablar de la libertad, algo de lo que en Cuba no se sabe mucho. Cuando les cuento que llevo 7 meses viajando no pueden entender como lo hago o como me financio el viaje. Ellos sueñan con conocer alguno de los lugares que este mundo tiene para mostrarnos.


Los últimos días estaría solo. Nuevamente como en casi todo el viaje. Después de pasar más de un mes acompañado, la vuelta me tocaba hacerla solo. Algunos cafés en el Escorial, caminatas por la ciudad y un poco de interacción con la gente por las calles.

Caminando por el malecón unos musiqueros un poco insistentes me convencen para sentarme a escucharlos un rato. Después de unas canciones bastantes flojas me querían llevar a tomar unos tragos. Era evidente que esa invitación la iba a terminar pagando yo. Querían unos mojitos en algún bar para seguir conociendo a sus amigos. Ante mi negativa se empezaron a enojar un poco y me insistían para que vuelva más tarde. Al final ya me terminé enojando un poco y seguí viaje. Los habaneros me habían advertido de los jineteros que te conversan un rato y después tratan de ir a un bar para que los invites unos tragos y ellos emborracharse gratis y sacarte algunos pesos.

En otra de las caminatas me detuve a charlar con un cubano que se dedica al turismo. Desde la apertura del país a extranjeros cada vez más gente apunta al turismo ya que es lo que más ganancia deja. Me contó un poco de como es su trabajo en la isla, como se vive y como hacen para ver televisión clandestina sin ser sancionados. Los canales de televisión que tienen son muy pocos y oficialistas. Solo en los hoteles o bares de turistas se pueden ver las señales de televisión internacionales. Pero siempre encuentran alguna manera de ver algún canal de los que no están permitidos y así enterarse un poco más del mundo.

Algunas buenas noticias llegaban desde Chaco para cerrar el viaje de la mejor manera, con la noticia que se venía el secundario rural en Pampa Sena. 
Dos días distintos en Cuba y luego a volar a casa. Casi 24hs duraba la vuelta recorriendo aeropuertos. La imagen final de Mirta y Alejandro saludando desde la ventana ante mi partida.

Iba a quedar atrás Cuba y su gente. Este país tan simpático y tan perdido en el tiempo.
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About Rutina Cortada a Cuchillo

Un blog con el que salimos cuando podemos a contarles lo que vemos. Deberíamos salir menos, estamos empezando a dormir mal. No nos gusta la polenta, los domingos tristes y la gente que dice setiembre (¿por qué no dicen también otubre?). Nos gusta complejizar lo simple y descontracturar lo complejo. Nunca aprendimos las tablas de memoria, los números primos y las divisiones con fracciones. No congeniamos con lo formal y tampoco adherimos a lo normal. rutinacortadaacuchillo.com

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